10
May
/
2016

El Puente de los Espías: Sin Derecho a la Defensa no hay Libertad

El Puente de los Espías: Sin Derecho a la Defensa no hay Libertad

En el año 1957, en plena guerra fría, un espía ruso, Rudolf Abel (interpretado por Mark Rylance), es detenido en EE.UU por el FBI y es acusado de actividades contra la seguridad de la nación. Va a ser sometido a un juicio por espionaje en el que, si se le declara culpable, puede ser condenado a muerte.

Para situar dicho incidente (basado en hechos reales) en su contexto histórico, hemos de aludir a la situación de máxima tensión existente en dicha etapa histórica entre las dos formas antagónicas de ver el mundo, el capitalismo y el comunismo; representadas cada una de ellas por las dos superpotencias que luchaban, en un clima de preguerra atómica, por imponer su visión de cómo se han de entender las relaciones entre las personas; en definitiva, de cómo entender la vida: derechos individuales ante “derechos” colectivos, economía libre de mercado frente a economía planificada por el estado, democracia o dictadura; en definitiva libertad frente al más execrable de los totalitarismos.

En esta tesitura las autoridades estadounidenses, dada la lucha soterrada que se estaba desarrollando entre ambos bloques y la situación de miedo e inseguridad que atenazaba por aquel entonces a los americanos, temieron que el juicio fuera considerado internacionalmente como una farsa en la que el veredicto de culpabilidad estaba dictado de antemano. Para evitarlo decidieron encomendar la defensa del espía a un abogado respetable y de prestigio, James B. Donovan (interpretado por Tom Hans), quien acepta el caso dispuesto a que el imputado cuente con todas las armas que la ley ponía a su alcance que disfrutar de un efectivo derecho a la defensa.

Sin embargo, cuando el bueno  de Tom Hans va a solicitar al Juez del caso que aplace la vista del Juicio con el fin de poder disponer de tiempo suficiente para estudiar una causa tan compleja, se topa de bruces con la realidad y comprueba que con su nombramiento como letrado el Gobierno estadounidense (quizás ya demasiado lejos de los principios democráticos y de división de poderes que inspiraron a los padres fundadores de la nación, y, posiblemente, temeroso de la expansión de la dictadura soviética) solo había pretendido crear la apariencia de un juicio justo. La conversación sobre el aplazamiento se desarrolla de la siguiente forma

-JUEZ:¿Jim, esto va en serio? (se refiere a la solicitud de aplazamiento).

-JIM (Tom Hans):Sí, sí, ya lo creo

-JUEZ: ¡Jim, es un espía soviétio!

– JIM: (Tom Hans): Supuestamente

-JUEZ: ¡Vamos Letrado!

– JIM (Tom Hans): ¡¿Señoría?!

-JUEZ: Jim, todos le agradecemos que asuma una tarea tan ingrata, ese hombre tendrá todas las garantías legales, pero no nos engañemos. Gozará de un juicio justo y, si Dios quiere, será condenado. Vamos letrado, no estoy para juegos, y menos en mi Juzgado.

 Creo que huelga decir que el juicio no se aplazó.

Cuando el letrado interpretado magníficamente por Hans aún no se ha recuperado del mazazo que la ha supuesto constatar la verdadera realidad de la situación recibe la visita de un agente de la CIA con la intención de sonsacarle información sobre el espía

-AGENTE a TOM HANS: ¿Ha contado algo?

– JIM (Tom Hans): ¿Disculpe?

-AGENTE: Vd. ha estado con él, ¿ha hablado?, ¿ha dicho algo?.

– JIM (Tom Hans): Esta conversación no va en serio.

-AGENTE: No claro que no (sonríe)

-JIM (Tom Hans): No me refiero a que no será posible. ¿Me está pidiendo que viole el secreto profesional?

 

El agente de la CIA le insiste Hans de manera displicente para que le cuente lo que sepa invocando que está en juego la SEGURIDAD NACIOAL, le dice:

AGENTE: No vaya de boy scout comigo. Aquí no hay reglas

– JIM (Tom Hans): Se llama Hofman, ¿No?

-AGENTE: Si

– JIM (Tom Hans): De ascendencia alemana.

-AGENTE: Si, ¿y que?.

– JIM (Tom Hans): El mío es Donovan, irlandés, de pura cepa. De padre y madre. Yo soy irlandés y Vd. alemán, ¿qué nos hace americanos?. Una sola cosa, las reglas; se llama constitución, son normas que acordamos, es lo que nos une. ¡Así que sí hay reglas!. Y deje de sonreir MALDITO HIJO DE PUTA. Tom Hans sonríe y lentamente se levanta y se marcha.

            Las escenas referidas no hacen sino poner de manifiesto, recordarnos, que la democracia, o mejor dicho la libertad, como bien superior (o como “uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos” –según Cervantes en El Quijote-), no admite atajos ni disimulos; y ello ni incluso en los momentos más difíciles o en los que el fin (la lucha, y posterior derrota, del comunismo -la mayor plaga del siglo XX-) pudiera parecer que lo justifica. Y que el derecho a la defensa (que no equivale a justificar el delito), a una defensa efectiva y no meramente formal, es uno de los pilares en los que se sustenta la libertad, sin la cual no existen, no merecen la pena, los otros derechos.

            Así, que ya saben: amigos de la libertad y de los derechos individuales, queridos colegas letrados, cuando alguien en vuestra presencia diga o pregunte, con aire superioridad moral y con esa media sonrisa en la cara de perdonavidas con el que suelen hacerlo, ¿y cómo es posible que un abogado pueda defender a un asesino?; ya sabéis: POR LAS REGLAS, POR LAS NORMAS QUE ENTRE TODOS NOS HEMOS DADO, POR LA LIBERTAD… a vuestra elección dejo lo de añadir al final lo de  “y deja de sonreír MALDITO HIJO DE PUTA”.